Atacan al Gobernador: Los “Nuevos Enfermos», el virus del radicalismo universitario
Jaziel Trasviña Osorio.
La Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) ha sido, históricamente, un espacio donde convergen las ideas, el pensamiento crítico y la libertad académica. Pero también, no hay que negarlo, un terreno fértil para la gestación de grupos radicales que, bajo el discurso de la rebeldía o la supuesta defensa de la autonomía, han intentado secuestrar la vida universitaria para mantener privilegios, prebendas y cuotas de poder.
Durante los años setenta y ochenta surgió un grupo conocido como Los Enfermos, una corriente que, con métodos violentos y autoritarios, pretendió imponer su visión política al interior de la universidad. Hoy, décadas después, un remanente de aquella vieja estructura resurge, disfrazado de movimiento estudiantil, pero con las mismas prácticas de manipulación y confrontación. La comunidad universitaria los ha bautizado, con acierto, como “Los Nuevos Enfermos”.
Estos grupos han encontrado un nuevo blanco: los alumnos de preparatoria. A través de discursos incendiarios y desinformación, intentan inocularles una “enfermedad infantil” basada en el individualismo, el odio y la intolerancia. Su estrategia es tan vieja como efectiva: convertir a jóvenes entusiastas en carne de cañón para sostener las causas y beneficios personales de una cúpula que poco tiene que ver con el interés colectivo.
Mientras la mayoría universitaria apuesta por la estabilidad, la transparencia y el fortalecimiento institucional —como quedó demostrado con la aprobación del fideicomiso que garantiza la prestación de jubilación dinámica—, los “nuevos enfermos” optan por el camino del vandalismo, la provocación y la mentira. En lugar de dialogar, agitan. En lugar de construir, destruyen.
Recientemente, su radicalismo alcanzó un nuevo nivel. En un acto tan grotesco como desesperado, colgaron mantas en puentes de Culiacán con mensajes ofensivos contra el gobernador Rubén Rocha Moya y la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo. Una acción que, por su estilo y su ejecución, recordó tristemente los métodos del crimen organizado. Con ello, no solo ofendieron a la comunidad universitaria, sino que sellaron su propio aislamiento político.
Hasta hace poco presumían contar con respaldo del gobierno estatal y federal; hoy, con esas acciones irracionales, han perdido cualquier atisbo de legitimidad. La exigencia de abolir la Ley del ISSSTE, cuando la mayoría de ellos ni siquiera está afiliada a ese sistema, sino al IMSS, refleja el nivel de desconocimiento jurídico y político que guía su agenda.
Lo más lamentable es que detrás de la máscara de “lucha democrática” se esconden intereses económicos. Cada conflicto, cada denuncia, cada bloqueo o toma de edificio termina beneficiando a un pequeño grupo de abogados y dirigentes que lucran con la confrontación. El guion se repite: movilizan, provocan, victimizarse y finalmente negocian a puerta cerrada para obtener comisiones o compensaciones.
Mientras tanto, los verdaderos afectados son los jóvenes que, engañados por un discurso aparentemente revolucionario, ponen en riesgo su integridad, su futuro y su carrera universitaria. Cuando el conflicto se extingue, ellos quedan colgados, abandonados, y los líderes del movimiento desaparecen, como siempre, con el beneficio en el bolsillo.
La Universidad Autónoma de Sinaloa no necesita nuevos enfermos, sino nuevos sanadores: jóvenes críticos, informados y comprometidos con la pluralidad, la libertad y el conocimiento. La democracia universitaria no se construye con mantas ni con insultos, sino con debate, participación y respeto a la voluntad de las mayorías.
La radicalidad no es sinónimo de valentía, ni la violencia de justicia. La verdadera lucha universitaria es la que se libra en las aulas, con argumentos, ideas y resultados. Los tiempos del chantaje político y del caos disfrazado de rebeldía ya pasaron.
Es momento de que la UAS cure, de una vez por todas, el virus del radicalismo que tanto daño le ha hecho. Y eso solo se logrará vacunando con verdad, razón y compromiso a las nuevas generaciones.
